Llueve.
las gotas golpean las tejas
mientras la música sofoca su ritmo.
y ocultas bajo el anonimato nocturno
encuentran su camino hacia mi pecho
y me perforan.
logran hallar esas madrugadas que compartimos en cama
y esas mañanas de vidrios empañados
con desayunos acostados.
y reverbera allí como el eco
de canciones repetidas.
como los viejos clásicos
que no sabes por qué
sigues escuchando.
y hace escurrir el pus
de mis heridas infectas,
esa secreción remanente
que el alcohol no mató.
ni esas noches de manejos imprudentes,
ni las drogas que encontraron su paso
a este cuerpo remanente.
¿por qué llueve todavía aquí?
cuándo cambiará este microclima desobediente
ajeno a los efectos temporales.
Que inunda mi cama,
y me lanza con una balsa de dos plazas
a la intemperie de la especulación imaginativa.
y me hace naufrago de estas ojeras pesarosas.
Mañana anuncian sol.
Estoy seguro que seguirá lloviendo.
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