1
Me quedas mirando sin parpadear.
sé lo que estas haciendo:
analizas cada centímetro de mi cara,
mientras juego a fingir seriedad.
Lees todo lo que pienso, incluso, antes de que yo pueda saberlo.
Sabes que no sé.
Decido responderte aireado, con convicción.
Y estudio tu respuesta, observo tus ojos, inamovibles
indemnes. Con una respiración firme y agitada.
Debo haber llegado tarde al curso de mentiras
porque simplemente no me nace.
Y es que me siento tan cómodo con la verdad.
Por eso en este momento te odio, amada amiga.
Me conoces demasiado bien.
Recuerdo no morder mis labios y adelanto otro paso.
¿¡a caso quien crees que eres!?.
¡No puedo retroceder!.
(me repito).
Pero sigues inmóvil, cual alfil.
Flanqueando todos mis ángulos.
Me debato, y en tu silencio medito si me he equivocado.
Si quizá era otra la jugada.
Segundos-infinitos-de-sudor-ofuscado, e inseguridad(es).
Pero me salvas: respondes.
Y ya no se qué hacer, miro tu jugada y te contemplo mudo.
¿Realmente?
Me giro, miro el cielo. Miro el infinito y suspiro.
(Espero que el aire me ayude con algo).
La lluvia lava mis lágrimas, es cierto.
Los autos marcan el ritmo con sus pasares,
arrojando agua a la vereda.
Me doy vuelta, y lo tengo claro: No hay más.
Boto el rey.
Tu ganas.
Esto se termina.
(Felicidades.)
2
Pero soy un pésimo perdedor:
Hasta nunca.
No hay comentarios:
Publicar un comentario