viernes, 4 de noviembre de 2011

Asunción

Y resbalo otra vez hacia el cielo
Como rebotando en cada nube,
Y el viento sujeta mi cara
Y me cuida de precipitar.
¿Qué es esta sensación vertiginosa
Que me impide caer?
Déjame chocar, ¡déjame morir!.
Como una paloma surca el cielo
Caigo celestial.
Y el viento ya no me sujeta
Y ya no siento las caricias.
¿Donde está el final
de esta inmerecida defenestación?
¿Quién es el culpable
del destierro inapelable?.

2 comentarios:

  1. La verdad es que no tiene mucho que ver, pero el título de tu poema, me recordó a uno de Mario Benedetti,que me encanta:

    Asunción de ti.

    A Luz
    1

    Quién hubiera creído que se hallaba
    sola en el aire, oculta,
    tu mirada.
    Quién hubiera creído esa terrible
    ocasión de nacer puesta al alcance
    de mi suerte y mis ojos,
    y que tú y yo iríamos, despojados
    de todo bien, de todo mal, de todo,
    a aherrojarnos en el mismo silencio,
    a inclinarnos sobre la misma fuente
    para vernos y vernos
    mutuamente espiados en el fondo,
    temblando desde el agua,
    descubriendo, pretendiendo alcanzar
    quién eras tú detrás de esa cortina,
    quién era yo detrás de mí.
    Y todavía no hemos visto nada.
    Espero que alguien venga, inexorable,
    siempre temo y espero,
    y acabe por nombrarnos en un signo,
    por situarnos en alguna estación
    por dejarnos allí, como dos gritos
    de asombro.
    Pero nunca será. Tú no eres ésa,
    yo no soy ése, ésos, los que fuimos
    antes de ser nosotros.
    Eras sí pero ahora
    suenas un poco a mí.
    Era sí pero ahora
    vengo un poco a ti.
    No demasiado, solamente un toque,
    acaso un leve rasgo familiar,
    pero que fuerce a todos a abarcarnos
    a ti y a mí cuando nos piensen solos.

    2

    Hemos llegado al crepúsculo neutro
    donde el día y la noche se funden y se igualan.
    Nadie podrá olvidar este descanso.
    Pasa sobre mis párpados el cielo fácil
    a dejarme los ojos vacíos de ciudad.
    No pienses ahora en el tiempo de agujas,
    en el tiempo de pobres desesperaciones.
    Ahora sólo existe el anhelo desnudo,
    el sol que se desprende de sus nubes de llanto,
    tu rostro que se interna noche adentro
    hasta sólo ser voz y rumor de sonrisa.

    3

    Puedes querer el alba
    cuando ames.
    Puedes
    venir a reclamarte como eras.
    He conservado intacto tu paisaje.
    Lo dejaré en tus manos
    cuando éstas lleguen, como siempre,
    anunciándote.
    Puedes
    venir a reclamarte como eras.
    Aunque ya no seas tú.
    Aunque mi voz te espere
    sola en su azar
    quemando
    y tu dueño sea eso y mucho más.
    Puedes amar el alba
    cuando quieras.
    Mi soledad ha aprendido a ostentarte.
    Esta noche, otra noche
    tú estarás
    y volverá a gemir el tiempo giratorio
    y los labios dirán
    esta paz ahora esta paz ahora.
    Ahora puedes venir a reclamarte,
    penetrar en tus sábanas de alegre angustia,
    reconocer tu tibio corazón sin excusas,
    los cuadros persuadidos,
    saberte aquí.
    Habrá para vivir cualquier huida
    y el momento de la espuma y el sol
    que aquí permanecieron.
    Habrá para aprender otra piedad
    y el momento del sueño y el amor
    que aquí permanecieron.
    Esta noche, otra noche
    tú estarás,
    tibia estarás al alcance de mis ojos,
    lejos ya de la ausencia que no nos pertenece.
    He conservado intacto tu paisaje
    pero no sé hasta dónde está intacto sin ti,
    sin que tú le prometas horizontes de niebla,
    sin que tú le reclames su ventana de arena.
    Puedes querer el alba cuando ames.
    Debes venir a reclamarte como eras.
    Aunque ya no seas tú,
    aunque contigo traigas
    dolor y otros milagros.
    Aunque seas otro rostro
    de tu cielo hacia mí.

    ResponderEliminar